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Informe especial: Por qué pasaron más de 50 años sin volver a la Luna

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La Luna de esta misma noche… (foto: gentileza Pablo Rumie Vittar, Astro Vanguardia)

Durante más de medio siglo, la Luna estuvo ahí, al alcance de la tecnología humana, pero fuera de la agenda real de las potencias espaciales.

Desde que Eugene Cernan dejó la última huella en diciembre de 1972, ningún astronauta volvió a pisar el satélite natural de la Tierra. No fue por falta de capacidad, sino por una combinación de decisiones políticas, económicas y estratégicas.

Ese largo paréntesis empieza a cerrarse ahora. La NASA confirmó que en febrero lanzará la misión Artemis 2, el primer vuelo tripulado que rodeará la Luna desde la era Apolo. Será un paso clave rumbo al regreso humano al suelo lunar.

Artemis 2: el primer paso del regreso

La misión Artemis 2 llevará a cuatro astronautas a una órbita lunar, sin alunizaje. La tripulación estará integrada por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, quienes viajarán a bordo de la cápsula Orión impulsada por el cohete SLS.

El objetivo no es simbólico: se trata de validar sistemas, trayectorias y operaciones humanas en el espacio profundo, algo que no se hace desde hace más de 50 años.

Cuando la Luna fue una bandera política

El programa Apolo no nació como un proyecto científico, sino como una jugada geopolítica. En plena Guerra Fría, John F. Kennedy impulsó la llegada a la Luna para vencer a la Unión Soviética en la carrera espacial. El éxito se midió en prestigio internacional, no en continuidad.

Para lograrlo, Estados Unidos destinó un presupuesto hoy impensado: en los años 60, la NASA llegó a recibir cerca del 1% del PBI estadounidense. Una vez cumplido el objetivo, el interés político se desinfló.

El abandono soviético y el fin del impulso

La URSS intentó competir con el cohete N1, que falló en sus cuatro lanzamientos. Sin resultados ni fondos, Moscú abandonó el plan lunar y durante años negó haber participado de la carrera. Con un solo ganador, la competencia perdió sentido.

La audiencia cayó, los costos se volvieron difíciles de justificar y el presidente Richard Nixon canceló las últimas misiones Apolo. La Luna dejó de ser prioridad.

Décadas mirando más cerca

Durante años, el foco se trasladó al espacio cercano: estaciones espaciales, el transbordador y luego la Estación Espacial Internacional ocuparon el centro de la escena. Cada presidente estadounidense anunció planes para volver a la Luna, pero el siguiente los anuló. Así se perdió continuidad, tecnología y tiempo.

Artemis: un programa caro y complejo

El programa Artemis retoma ideas de proyectos iniciados hace más de dos décadas. El cohete SLS y la cápsula Orión son seguros, pero extremadamente costosos: cada lanzamiento ronda los 4.000 millones de dólares, y el sistema es descartable, lo que limita la frecuencia a un vuelo por año.

Además, la pieza clave aún no voló: el módulo de alunizaje, desarrollado por SpaceX, todavía debe demostrar que puede cumplir todas las etapas necesarias.

El hielo lunar y la nueva carrera espacial

Lo que cambió el escenario es un hallazgo decisivo: en el polo sur de la Luna hay agua congelada. Ese recurso puede servir para sostener vida humana y producir combustible, lo que convierte al satélite en una base estratégica para futuras misiones a Marte.

Estados Unidos y China ya compiten por llegar primero. Pekín planea enviar astronautas antes de 2030 y avanza con misiones robóticas equipadas con taladros.

Un regreso con fecha tentativa

Si todo sale según lo previsto, Artemis 3 podría concretar el regreso humano a la superficie lunar en 2028. Sería el final de una ausencia de más de medio siglo y el inicio de una nueva etapa de exploración, esta vez con objetivos permanentes.