Descifran la “caja negra” del cáncer: un nuevo método permite conocer cuándo se originó un tumor y cómo puede evolucionar

Un equipo internacional de investigadores desarrolló una herramienta basada en la epigenética que permite reconstruir la historia de un tumor y anticipar algunos aspectos de su evolución. El estudio analizó 2.000 pacientes con leucemias y linfomas y abre una nueva posibilidad para comprender mejor el comportamiento del cáncer.

El cáncer puede desarrollarse durante años antes de ser detectado. Ahora, los investigadores encontraron una manera de rastrear parte de ese proceso a través de las marcas epigenéticas presentes en las células tumorales.
El equipo descubrió que la metilación del ADN, además de regular la actividad de los genes, conserva información sobre la evolución del tumor. Esa huella permite identificar cuándo pudo haberse originado, cómo creció y si desarrolló diferentes poblaciones de células.
Los científicos comparan esta información con una “caja negra”, porque funciona como un registro de lo que ocurrió durante la evolución de la enfermedad.
El estudio analizó a 2.000 pacientes
El trabajo, publicado en la revista Nature, fue liderado por investigadores del Clínic-Idibaps y del Instituto de Investigación del Cáncer de Londres.
Para desarrollar el método, los investigadores analizaron muestras de unos 2.000 pacientes con distintos tipos de cánceres linfoides, entre ellos leucemias pediátricas y leucemia linfática crónica en adultos.
A partir de modelos matemáticos, desarrollaron un algoritmo denominado EVOFLUx, capaz de interpretar los patrones de metilación y reconstruir diferentes etapas de la evolución de un tumor.
El pasado del tumor podría ayudar a anticipar su futuro
Uno de los aspectos más prometedores del hallazgo es que conocer la historia de un cáncer podría ayudar a predecir su comportamiento.
En pacientes con leucemia linfática crónica, por ejemplo, los investigadores lograron utilizar esta información para estimar con años de anticipación cuándo la enfermedad podría requerir tratamiento.
La herramienta también podría ayudar a identificar tumores con un comportamiento más agresivo. Si los médicos conocen la velocidad con la que evolucionó una enfermedad y su estado actual, podrían contar con más información para decidir qué estrategia terapéutica utilizar.
Un avance que todavía necesita más investigación
Aunque los resultados son prometedores, la herramienta todavía no está disponible para su uso habitual en hospitales. Los propios investigadores señalan que serán necesarios nuevos estudios y adaptaciones antes de que pueda incorporarse a la práctica clínica.
El equipo considera que el método podría aplicarse en el futuro a otros tipos de cáncer, incluidos los tumores sólidos, aunque sería necesario adaptar la tecnología a las características de cada enfermedad.
El objetivo de los investigadores es que el descubrimiento no quede solamente en el ámbito académico y pueda convertirse, con el tiempo, en una herramienta útil para la oncología.
¿Qué podría cambiar en el futuro?
Si la metodología demuestra su utilidad en nuevos estudios, podría aportar información que actualmente resulta muy difícil de obtener: cuándo comenzó un tumor, cómo evolucionó y qué tan rápido avanzó.
Esto permitiría complementar los métodos actuales de diagnóstico y seguimiento y, potencialmente, ayudar a los especialistas a tomar decisiones más personalizadas sobre el tratamiento de cada paciente.