El tiempo pasa… ¿o somos nosotros los que pasamos?


Cada vez que termina un año y comienza otro, reaparece una sensación compartida: el tiempo avanza de manera implacable. Los relojes siguen su marcha, los calendarios se renuevan y nuestra vida parece ordenarse en una secuencia clara de pasado, presente y futuro.
Sin embargo, la ciencia moderna plantea que esa percepción podría ser mucho más compleja de lo que creemos.
El tiempo según la relatividad de Einstein
Con la teoría de la relatividad especial y general, Albert Einstein revolucionó la física al demostrar que el tiempo no es absoluto. Espacio y tiempo forman una única estructura llamada espacio-tiempo, donde ambos se influyen mutuamente.
En este universo, el tiempo puede transcurrir a diferentes velocidades según el movimiento de un objeto o la intensidad del campo gravitatorio al que esté sometido.
Cuanto más rápido se mueve un cuerpo —especialmente si se acerca a la velocidad de la luz— más lento transcurre el tiempo para él. Lo mismo ocurre en regiones con mayor gravedad.
Este fenómeno, conocido como dilatación temporal, fue comprobado experimentalmente mediante relojes atómicos y aceleradores de partículas, y hoy es clave para el funcionamiento de tecnologías como el GPS.
¿Un tiempo con azar?
Más allá de la relatividad, algunas corrientes recientes de la física proponen que el tiempo podría presentar fluctuaciones aleatorias en determinadas regiones del universo. Estas teorías, aún en desarrollo, surgen del intento de unificar la física cuántica con la gravedad y sugieren que el tiempo no siempre fluye de manera uniforme, sino que podría oscilar en ciertos contextos extremos.
El tiempo psicológico: cómo lo percibe nuestra mente
Stephen Hawking introdujo el concepto de “tiempo psicológico” para explicar cómo el cerebro humano organiza la experiencia en pasado, presente y futuro. Según los científicos, esta división no necesariamente refleja la estructura real del universo, sino una forma práctica —y limitada— de interpretar una realidad mucho más compleja.
Nuestra mente necesita ordenar los acontecimientos, aunque la física indique que todos los momentos podrían coexistir en distintos puntos del espacio-tiempo.
¿El pasado sigue existiendo?
Una de las ideas más desconcertantes de la física moderna es que el pasado podría no haber desaparecido. Cada instante de nuestra vida ocuparía un lugar distinto en el espacio-tiempo, como si nuestra existencia fuera una sucesión de “fotografías” que continúan existiendo, aunque ya no podamos acceder a ellas.
Desde esta perspectiva, el presente sería el conjunto de eventos que percibimos como simultáneos, pero no necesariamente un punto infinitesimal, sino una breve duración.
El futuro: la gran incógnita
Cuando se trata del futuro, la ciencia no tiene respuestas definitivas. Algunas teorías sugieren que podría estar parcialmente determinado, mientras que otras defienden la existencia del libre albedrío y la posibilidad de múltiples caminos. Paradójicamente, conocer el futuro podría alterar su propio desarrollo, generando contradicciones difíciles de resolver.
Lo cierto es que, incluso sin respuestas concluyentes, la idea de un futuro abierto sigue alimentando la esperanza humana y la capacidad de proyectar cambios.